miércoles, 6 de marzo de 2013

Ayer fue mejorando el día según pasaban las horas. "Mi fisio" Dioni, una vez más hizo un gran trabajo y fue aliviando las piernas y sus dolores y despejó algunas dudas. Primero parece que no existe lesión en las rodillas, bien!! Parece es una sobrecarga en ambas rodillas por exceso de ejercicio (maratón casi 4 horas corriendo sobre asfalto plano).

Así que unos días más sin correr grandes tiradas y vuelta al ataque. Mientras entrenaré agua y bici, que me vendrá de miedo. Hoy he hecho 3km a nado sin series, sin paradas y sin nada. Lo que es "del tirón". Y la verdad es que disfruto mucho del agua, quién me lo iba a decir a mi? Disfrutando de nadar...con lo que yo "odiaba" esforzarme nadando, me daba náuseas. Estaba claro era por la falta de costumbre y entrenamiento.

Hoy he sentido algo que nunca había sentido en la piscina, notaba que las brazadas eran constantes, sin temor ni descanso, y que parte de la velocidad adquirida era por mi propio rebufo, por la propia estela que deja mi cuerpo al ir a una determinada velocidad. Si no es así, que me corrija alguien por favor, así lo he sentido. Notaba que nadaba como en una pequeña "olita" en la que iba navegando, en la que si mantenía la velocidad constante, me ayudaba a avanzar.

Supongo que resultado de mejorar la técnica, menos esfuerzo pero más optimizado. Con lo que aumentas el rendimiento a través de la técnica.

Hoy quiero que conozcáis la historia de Mònica Aguilera. Ella tiene cara de tierna profesora de primaria, de no haber jugado nunca a tocar timbres ajenos, de dejar que la gente mayor le gane al ajedrez. Por eso, y porque no saca pecho sino que destila humildad, su pasada victoria en el duro Marathon des Sables –250 kilómetros en seis etapas por el desierto del Sáhara– es aún más celebrada. «Hacer lo que te gusta es un lujo y participar en una prueba así ya era un premio», resume, después de haber ganado 4.000 euros, un suspiro de Cristiano Ronaldo.

Se presentó en Marruecos con la intención de «aprender» y de sentir en sus piernas una carrera que muchos definen como la más dura del mundo, un calificativo que en este deporte se aplica con tanta facilidad como el fútbol promete un partido del siglo. Estaba dispuesta a sufrir en una prueba en la que uno debe cargar todo lo que va a necesitar durante una semana, pero nadie le dijo que la edición 25 del Sables sería la más calurosa de todas (50 grados). Contenta por una estrategia que salió bien «casi sin querer», admite que en este tipo de desafíos la mente es más importante que el físico y que se quedó algo más tranquila al comprobar que sus rivales estaban tan hartas y sofocadas por el sol como ella. «En otras carreras, cuando iba en cabeza me sentía mentalmente fuerte, pero aquí no me ha pasado, ha sido un suplicio, sufrí mucho porque los ritmos de carrera no eran nada cómodos».

Esta corredora de 36 años vive en Peguerinos, un pueblo de Ávila a 1.300 metros de altitud que es un «paraíso para entrenar». Como redactora jefa de la revista Trail, se verá en la tesitura de tener que escribir sobre su proeza, pero como es el quinto aniversario de la publicación, tiene la excusa ideal para evitar esa merecida portada.

Si hay alguien ahí, gracias por estar
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